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30-11-2022

Desarrollo científico de la UNQ analizará los suelos de todo el planeta


“Nuestro grupo de investigación trabaja hace más de 15 años en conjunto con productores agrícolas estudiando indicadores biológicos de salud del suelo”, explicó Luis Wall, director del Laboratorio de Bioquímica, Microbiología e Interacciones Biológicas en el suelo de la Universidad Nacional de Quilmes.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) hace diez años creó una división que se encarga particularmente del estudio de los suelos.

Esta división, llamada “Global Soil Partnership”, le da lugar de privilegio a la tierra donde se siembra y se produce, generando programas que cuiden la biodiversidad y enfocándose en estudios biológicos de los suelos del planeta.

Gracias a gestiones de la secretaría de transferencia de la Universidad Nacional de Quilmes, Luis Wall tuvo una entrevista con miembros de la FAO para transmitirles los resultados respecto de indicadores biológicos novedosos nunca antes estudiados.

“Hablé sobre el índice lipídico de salud de suelos y ,para mi sorpresa, cuando terminó la reunión, el comité técnico propuso para la agenda 2023 trabajar en la globalización del método de extracción de ADN, medición de nitrógenos y el tercer punto es la globalización del índice que nosotros desarrollamos”, señaló.

¿Por qué estudiar los lípidos de la tierra?

“Es un indicador de suelo único que, hasta donde yo sé, solo lo estudiamos nosotros”, señala Wall. Luego continúa: “El análisis no es complejo y estoy dispuesto a abrir ese secreto y negociar con la FAO para que quede asociado a la Universidad”.

Según aseguró Luis Wall, los suelos están todavía caracterizados como un sustrato químico que provee nutrientes inorgánicos a las plantas para que se desarrollen; los más importantes son el nitrógeno y el fosforo ya que son los más limitantes.

Al realizar cultivos, estos minerales se extraen del suelo, hasta hablar de minería del suelo. A inicios del siglo XX aparecieron los fertilizantes químicos que no son más que compuestos que reponen los nutrientes extraídos. Sin embargo, el científico aclara que hay problemas respectos de estas prácticas: “El nitrógeno de los fertilizantes que las plantas no utilizan pasa a las napas de agua y genera contaminaciones; de manera que el agua que es potable, pronto deja de serlo. También, como consecuencia del manejo químico del suelo, se da uso de agroquímicos”.

En los últimos 20 años, gracias a la posibilidad de hacer secuenciación masiva de ADN, se analizaron las comunidades microbianas y el suelo ya se entiende como un espacio de interacciones complejas microbiológicas y bioquímicas. “El carbono tiene dos grandes reservorios en el planeta: el primero son las plantas y el segundo son los microorganismos, las bacterias aportan más carbono que los animales, lo que hace funcionar al planeta es la microbiología”, señaló.

Según explicó el científico, el calentamiento global tiene que ver con la acumulación de gases de efecto invernadero como dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. Este último escapa del suelo a la atmósfera; fenómeno que se puede evitar si se aprovecha el nitrógeno orgánico de la tierra. Ese nitrógeno orgánico existe en restos vegetales y animales y bacterias. “En los últimos años aparecieron datos que indican que la parte orgánica más importante del suelo es biomasa bacteriana necrótica, es decir, bacterias muertas. Eso plantea una parte del suelo que tiene su bioquímica particular, una parte que hasta ahora nadie la miró. Nosotros creemos que estamos mirando, entre otras cosas, eso. Esa es la información que brindaría el índice que desarrollamos”, destacó.


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